lunes, junio 19, 2006

Uno, dos... probando

"En 1972, cuatro de los mejores hombres del ejército americano fueron juzgados y condenados por un delito que no habían cometido. No tardaron en escaparse de la prisión donde estaban recluidos... "

Se veía venir. Estaba claro que con iconos culturales de este calado, nuestra generación estaba destinada convertirse en algo muy poco serio. Que toda esa información acumulada desde Mazinger Z hasta Falcon Crest, pasando por Candy Candy o Verano azul iba a dejarnos secuelas permanentes. Los hijos e hijas de la pre-democracia española nacimos con la tele puesta. La caja tonta fué (y ha seguido siendo) nuestra Mary Poppins, nuestra fuente de sabiduría al margen de los libros de texto.

Lo dicho. Se veía venir.

Por supuesto, la culpa de ello no puede recaer en nuestros progenitores que - generalmente ambos- trabajaban durante todo el día. Con la que estaba cayendo (políticamente hablando) bastante trabajo hicieron transmitiéndonos una cálida sensación de normalidad que nos mantuvo en la ignorancia política y social hasta casi nuestros días. Con la estrenada democracia aparecieron nuevas formas de educación, que con toda la buena intención del mundo, nos llenaron la cabeza de pajaritos volando en Libertad que bebían de las aguas de la igualdad de oportunidades. Con eslóganes como éste consiguieron hacer el resto del trabajo y crear el boceto de lo que hoy en día somos: La Generación del Tupperware.

Y aquí nos encontramos. Treinta y pocos años y aún cantan los jilgueros. Vamos de independientes pero mamá llena nuestra nevera. Nuestros valores se han ido deformando entre juguetitos inútiles y modas pasajeras creadas para la más pura distracción. Hemos huído hacia lo fácil. Vivimos esperando lo que está por llegar porque no terminamos de aceptar lo que nos toca vivir. Alguno de nosotros - probablemente los peores - hasta se han convertido en el icono de los que vienen por detrás. Pero la triste verdad es que no hay sitio para todos. Nunca lo hubo. Pero eso no nos lo dijo Lorenzo Lamas, ni Michael Knight, ni Torrebruno.

Nuestros padres nos avisaron, claro, pero les mandamos a paseo. No podía ser. Queríamos ser los guays de la fiesta, no los camareros. Queríamos tener aquel piso de dos plantas con jardín habitado por aquella familia perfecta. Queríamos vivir el amor de aquellas peliculas tan chulas que siempre acaban bien.
¡No es justo! ¡Que nos devuelvan el futuro!

Así que hoy comienzo a escribir esta Bitácora en homenaje a esta generación, medio independizada pero que no termina de arrancar. Esos chicos digitales del siglo XXI - un tanto tardíos - a los que cantaban los Bad Religion. A todos esos hombres y mujeres que conformamos la cada vez mas absurda Generación Tupper.
A estos hombres y mujeres que somos y a los que que tal vez llegaremos a ser - y a tí también, Mamá - va dedicada esta idea.

Prometo que esto será divertido. Un saludo.

1 Comments:

Anonymous telemarkado said...

Bueno, aunque mi mamá ya hace mucho que no llena mi nevera, un poquillo identificado si me siento. Pero, sobre todo, me encanta Bad Religion.

10:08 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home